Recibí una llamada de teléfono de una amiga de la infancia que llevaba tiempo sin verla. Recuerdo todo lo que compartíamos, absolutamente todo menos nuestros chicos. Decidí ir a verla a su pueblo. Llegué a su casa, salió su mama encantadora y me dijo que mi amiga estaba en los establos. Me encaminé hacia ellos y en la puerta la llamé. Nadie contestaba, así que me adentré entre sus caballos, mirando en cada cuadra y al final del establo donde estaba el mullido de paja y las sillas de montar, me encuentro a mi amiga "montando a un pedazo hombre". Me quedé mirando como una estatua hasta que ella me vio. Yo me iba a ir, pero ella salió en mi busca. Se lanzó a mi cuello, nos besamos como en la infancia y le dije: "joder, como te lo montas". Me dijo que era uno de los chicos que tenía para ayudarla con el establo.


Para mi asombro, me invitó a unirme a ellos. Yo no soy bisexual, así que me negué, pero ella me dijo que seriamos las dos contra él, así que accedí. El habitáculo donde estaba montada la fiesta era un suelo cálido y muy mullido de paja, había una enorme manta cubriéndola y un pedazo de hombre en pelotas y armado hasta los dientes...uffff.

Entramos las dos ya desnudas. Ella se lanzó directamente a comérsela, y yo me tumbé a su lado besándole la boca y acariciando con mis manos su pecho. Una de sus manos sujetaba la cabeza de mi amiga y la otra acariciaba mi sexo mojándolo. Entonces sin saber muy bien porqué, se centró en mí, me miró a los ojos y me dijo que me tumbara con las piernas muy abiertas. El se puso de rodillas y le ofreció su sexo de nuevo a la boca de mi amiga tumbada por debajo de mí, mientras él se abalanzó a devorar mi sexo con tal pasión que creí morir. No se si mi amiga lo enloquecía o es que él disfrutaba comiéndome entera, pero pocas veces me había hecho desplegar el alma de mi cuerpo. Estaba ante las puertas del paraíso.
Suave pero firme, llegando a los mas profundo de mi ser y sin soltar mi clítoris ni un segundo. Me dio igual decirle que parara o me correría, él siguió hasta recoger todo el fruto de mi pasión. Levanté su cabeza y lo besé largo y profundo.. Creo que se estaba enamorando.
Mi amiga se cansó de chupar y volteó al chico boca arriba, se puso de rodillas sobre su cara para disfrutar de su cunilingus. El tenía una erección tremenda, así que me subí encima, de espaldas a ellos, me penetré con ella suavemente y eché mi cuerpo con suavidad hacia adelante agarrando con mis manos sus tobillos.

Empecé lentamente a cabalgarlo con cuidado porque sentía mucha presión en mi sexo. Era una locura. Mi amiga no le dejaba mover la cabeza y el resto de su cuerpo era solo para mi. Seguía cabalgándolo cada vez mas fuerte, mi clítoris se frotaba contra sus testículos y estaba muy excitada otra vez. Cada vez más rápido, mas fuerte, apretaba con mucha fuerza sus tobillos, estaba desatada y de repente la voz de mi amiga me manda parar....Que pasa?. Como no pares Medea, Facundo me hace correr, dijo ella. Medea por Dios, me tienes a punto de estallar, me tienes loca...dijo él.
Entonces bajé el ritmo un poco, pero durante poco tiempo.....yo estaba a punto de otro orgasmo, así que les dije..."lo siento, pero no aguanto más". Estamos todos a punto Medea....así que cabalgué aquel pura sangre con toda mi energía. Oí a mi amiga correrse, miré y se había desplomado a su lado. Vi los ojos de Facundo que agarró con fuerza mis caderas en mi cabalgadura y como por magia, los dos gemimos al unísono.
Las dos nos tumbamos una a cada lado de él. Lo besamos las dos y también nosotras. Entonces mi amiga nos presentó......FACUNDO ésta es MEDEA, mi mejor amiga y la que mejor montaba a caballo de todas nosotras. Y los tres nos echamos a reír abrazos y nos quedamos dormidos.
Has que una voz nos despertó de sopetón:
MARIAAAAAAAA donde estáis?



Obediente sumisa a sus manos....una bajo mi vientre y la otra doblegando mi cuello suavemente hasta quedarme a "cuatro 




Esas burbujas subían gradualmente mi excitación y con ellas mi valentía para entrar en aquella cabaña del jefe guerrero. Nada mas entrar me empujó contra la pared, me sujeto y me ató las manos con una cuerda. Me levanto aquella especie de taparrabos que llevaba e introdujo sus dedos en mi sexo mientras besaba mi cuello. Me giró y empezó a lamer mi sexo mientras yo forcejeaba, pero aquella boca me elevaba al séptimo cielo y me abrí a él. Me dejé hacer.


