
Había preparado una mesa divina para la cena. Yo me había maquillado muy tentadora, pero aun estaba sin vestirme para la ocasión, me había puesto un batín de seda rojo y unas pantuflas rojas con cabeza de perrito San Bernardo, que la visión era de MARUJA-SEXY o algo así. En fin, que se me adelantó media hora, y cuando llamaron a la puerta y vi que era él, casi me da un soponcio. Yo nerviosa, no sabía que hacer, no me iba a vestir y dejarlo esperando media hora en la puerta, y si le abría y me veía con esa mezcla de pantufla y batín podía darse media vuelta o partirse de risa. Opté por abrir la puerta.
-Justo, la carcajada.
-Le cerré la puerta.
-Me quemó el timbre.
-Abro. Como te rías de mis zapatillas, es lo único que te voy a regalar para tu estancia en el Quinto Coño…Entendido?
-Cerró la boca. Entró. Dejó la botella de vino en la mesa.
Le dije que me iba a vestir y según iba caminando al dormitorio, lo oigo morirse de risa otra vez.
Esta vez también me reí yo.
Su cara ya no tenía mueca de risa, su cara estaba transformada en vicioso, lujurioso, follador, pilonero…y un sin fin de adjetivos todos juntos en esa cara que a mi me volvía loca.
Pasé mi dedo por la comisura de sus labios, entreabriendo la mía, deseando la suya. Sacó su lengua para besar mi dedo, se lo quité y a cambio obtuvo mi boca. Metí su lengua en la mía y la succionaba dentro y fuera como si fuera su sexo. Sus ojos brillaban, su respiración se entrecortaba. Le quité toda su ropa menos los calcetines. Si yo hacía el ridículo con las pantuflas, él también tenía que hacerlo con sus calcetines. Imaginaros que Sexys.
Tenía el sexo erecto al máximo (como dicen por aquí, “..lo tienes como el cuello de un Cantaor de Flamenco). A punto de hacer su piel jirones.
Poco a poco fuimos resbalando nuestros cuerpos hasta caer en la enorme alfombra del dormitorio. Ese era mi mundo. Quedó boca arriba tumbado sobre la mullida alfombra con sus calcetines negros. Yo me senté a horcajadas sobre sus muslos con mis pantuflas, contemplándolo. Que placer era ver su bello y endiablado rostro. Mis manos jugueteaban con el vello de su pecho, con su sexo mojado…disfrutaba oyendo sus gemidos a cada caricia mía. Doblé mi cuerpo para saborear su sexo….salado, delicioso. Sabía que estaba muy excitado, así que, sin dejar de mirarle a los ojos, me introduje entero su sexo en el mío. Era solo mío y yo de él. Penetrada me acerqué a su boca para besarla y para susurrarle que lo amaba, que lo deseaba y que lo necesitaba. El sus manos en mi culo, acariciándolo. Coloqué mis piernas sobre las suyas y me movía arriba y abajo, sus piernas me servían de colchón a mi cuerpo. Podía bajar hasta sentir un leve dolor por su penetración…volvía a subir. El sentía la profundidad de la penetración y todo mi volcán en erupción.
No podía aguantar más. Erguí mi cuerpo y le dije que se sujetara. Empecé una cabalgadura salvaje sobre su sexo. Me faltaba el oxígeno del jadeo. El intentaba agarrar mis pechos como fuera. Me ayudaba levantando su culo hacia arriba. Estábamos locos de placer. El gruñía y esos sonidos me hacían sentirme muy mujer. Le dije que me iba a correr, y él movió más rápido sus caderas y los dos llegamos al orgasmo. Mi columna se quebraba, mi boca emitía el más bello canto de sirenas que jamás él escuchó y su boca me regaló el rugido de un león. Derrumbada sobre él, con cara de hembra, le susurré…HASTA MIS SAN BERNARDOS LADRAN SATISFECHOS.
P.D. KARNEVOI espero que te haya gustado por lo menos el título. BESO



Me puse para la cena un vestido suave y corto azul turquesa y unas medias de blonda a juego. El movimiento voluptuoso del vestido dejaba ver la sugerente vista de las medias sobre mis muslos. A él le volvía loco aquel vestido.
cama boca arriba y en un estado de catarsis, esperé a que mi cuerpo pudiera moverse. Mientras duró ese estado sentía como mis hombres seguían masajeando mi cuerpo con sus manos. Cuando pude hablar, los besé a los dos en un profundo beso y le pedía al brujo que recorriera mi sexo con su lengua, mientras le pedía a mi amante volver a saborear su sexo. El brujo me tenía fuera de control, con sus lamidas suaves, húmedas, metía sus dedos, jugaba con mi sexo y hacía que mi boca fuera un infierno de pasión para mi amante. Les mandé parar o nos correríamos los tres…nos relajamos un poco y le dije a mi amante que me penetrara sin correrse, y el brujo tomó su posición. Mientras era penetrada, mi boca tenía otro sabor con que deleitarse..el del sexo del brujo. Mi cuerpo era el cuerpo del deseo, los dos lo deseaban y el mío a ellos.



